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On Nation 2

   
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Realización: Zavan Films.
Edición: Martinus Bellius. Traducciones: A. Castro, M. Liberman.
Música: Oriol Catalá. Asistente de sonido: JMP.
Imagen: imágenes de archivo procedentes de diferentes fuentes.
Datos de producción: Europa, 2015. 22 minutos.

Sinopsis:

A partir de la reapropiación de imágenes de archivo de contenidos dispares (imágenes de guerra, partidos de futbol, celebraciones sociales, rituales religiosos...), y procedentes de distintas fuentes (entre las que se incluyen películas de Chris Marker, Alain Resnais, Leni Riefenstahl o Gianikian y Ricci Lucchi), la productora Zavan Films elabora este complejo y caleidoscópico trabajo sobre las identidades sociales (nacionales, religiosas, comerciales...) y su relación con la guerra, los beneficios económicos y los "crímenes legales".

Festivales:

- 7 DOKUBAZAAR - Ljubljana Independent Documentary Film Festival (Eslovenia 2015)
- 14 LAUSANNE UNDERGROUND Film & Music Festival (Suiza 2015)
- 28 INSTANTS VIDEO Numériques et poétiques (Francia 2015)
- 12 EXILE Film Festival (Suecia 2015)
- 16 AUX ÉCRANS DU RÉEL (Francia 2015)
- 22 Internationale KURZFILMWOCHE REGENSBURG (Alemania 2016)
- 31 VIDEOFORMES 2016 (Francia 2016 )
- 4 FERFILM International Film Festival (Kosovo 2016)

Entrevista:

(para completar la información relacionada con On Nation (and other dogmas), os dejamos aquí la entrevista realizada por Samuel Alarcón para el programa "El cine que viene" de Radio Nacional de España, en la que se dan muchas claves para una mejor comprensión de la película. La entrevista fue elaborada a través de correo electrónico entre el 15 de diciembre de 2015 y el 22 de enero de 2016.)

Samuel Alarcón: Hola Zavan. On Nation me ha estremecido ahora aún más que cuando la vi por primera vez. Tras Del Poder (On power) has elegido realizar un cortometraje, que además firmas como Zavan Films, algo que parece tu productora, y no con tu pseudónimo. ¿Por qué estas elecciones tras varios años transcurridos desde Del Poder?

Zavan Films: Hola Samuel. Compartimos contigo que este trabajo es realmente estremecedor. Nos gustaría que todas las imágenes con las que hemos trabajado fuesen de ficción, pero lamentablemente no ha sido así. Eso es lo realmente estremecedor, la realidad; que un ser humano considerado normal pueda asesinar a sangre fría a personas inocentes con el respaldo legal de su país y que además se sienta satisfecho de su proeza, orgulloso de sembrar dolor, injusticia y sufrimiento. También resulta estremecedor que un gran número de ciudadanos no se subleven contra esta realidad. Relacionado con esto, hay una escena de Chris Marker en la que un grupo de personas se manifiestan en la calle a favor del bombardeo sobre Hanoi. Han pasado 40 años y, como podría decir Italo Calvino, esas mismas personas están sobre las mismas aceras clamando las mismas consignas. Ayer era Hanoi, y hoy es Siria, Palestina, Iraq... Precisamente, el desconcierto que produce todo esto está en el origen de este nuevo trabajo. En ningún momento ha habido un acto consciente para elegir ni la duración ni la temática de la pieza. Hemos partido de unas emociones que nos inquietaban, de unas cuestiones para las que no hallábamos respuesta posible, y hemos tratado de ir reflexionando con las imágenes, y entre las imágenes, hasta dar por terminado el trabajo. Finalmente, ha durado 22 minutos, pero, a priori, hubiese sido imposible saber que la duración iba a ser esa. Hemos ido trabajando poco a poco, quitando lo prescindible y añadiendo lo necesario, convirtiéndonos en un mero instrumento a través del cual sale la obra. Pero en realidad la obra ya estaba ahí. Lo único que hemos hecho es materializarla. Luego, son los demás quienes la definen como cortometraje. Por nuestra parte, pensamos que lo importante del arte respecto al tiempo no es su duración sino su transcendencia.

En cuanto al cambio de firma de Zaván a Zavan Films, tiene que ver con esa necesidad que venimos sintiendo desde hace tiempo de huir de la fetichización de las personas y desvincular la obra, del autor o autores que se encuentran detrás de ella. En On Nation también se habla de esta cuestión de la fetichización. Firmar como Zavan Films es una manera de firmar como una marca, alejándose del protagonismo personal, y reconociendo al mismo tiempo que la obra de arte es, en realidad, un trabajo colectivo relacionado con las corrientes de pensamiento que circulan en la época.

Samuel Alarcón: Cambio entonces al plural para dirigirme a vosotros. Celebro que ciertos creadores partáis de la nausea histórica que provoca la injusticia para hacer cine. No puedo celebrar en cambio que las imágenes brutales que incluís en On Nation no sean de ficción, pero si que es cierto que muchas ya las hemos visto antes. Ya que citáis a Marker, quería apuntar de que On Nation parece ir de su mano al menos en el primer tercio. Me refiero a la apropiación del testimonio del piloto norteamericano en Vietnam, a la famosa fotografía de Nick Ut con niños quemados por el Napalm. Pero también se apropia de otros materiales altamente difundidos, como el video filtrado por wikileaks con el ataque en Iraq o los cadaveres de la Shoa.

¿No pensáis que el reciclaje y la repetición de imágenes, las separa a la postre de su auténtica trascendencia? ¿No se acercan éstas ya a la ficción restando eficacia a la señal de alarma? Esta reflexión va dirigida a que en esta época, la concienciación y la lucha contra la injusticia social, se ha venido desarrollando con la palabra y el diálogo, ante la devaluación de la imagen.

Zavan Films: Quizás el problema no está tanto en las propias palabras o imágenes, sino en el uso que se haga de ellas. Usamos las mismas palabras constantemente y eso no implica que pierdan su capacidad de comunicación. Lo que empobrece el lenguaje es su uso vacuo o manipulador. La repetición de las palabras es preocupante cuando lo que se pretende es transformar su significado, desviando la fuerza de determinados conceptos. Esto es un hecho muy habitual en las luchas por el poder. Hay un libro magnífico de Kemplerer que se titula «LTI; La lengua del Tercer Reich», en el que se analiza la manipulación que hicieron los nazis de los significados de determinadas palabras. Pero no hay que irse tan lejos. Las fuerzas políticas y los medios de comunicación del presente están constantemente resignificando las palabras. En Del Poder también se hablaba de esta cuestión.

En este paralelismo del que estamos hablando, las imágenes, al igual que las palabras, cobran mayor sentido cuando las unas se ponen al lado de las otras, tratando de crear un todo coherente. Esa es la manera en la que, en nuestro caso, tratamos de trabajar con las imágenes y los sonidos. En On Nation hemos intentado construir un poema audiovisual en el que quedasen reflejadas algunas de nuestras emociones, reflexiones e intuiciones. Y para ello hemos recurrido a algunos de los recursos estilísticos que estaban a nuestra disposición: comparaciones, cambio del punto de vista narrativo, ironía, metáforas, antítesis, hipérboles...

Es cierto que gran parte del material con el que trabajamos ha sido usado con mucha frecuencia, y en muchas ocasiones con una intención morbosa o de impacto fácil. Los mismos noticieros de todo el mundo se dedican diariamente a la elaboración de una especie de pastiche audiovisual cuyos objetivos parecen distar mucho de lo informativo, de lo comprensivo y sobre todo de lo transcendente, y que contribuyen claramente a la devaluación de las imágenes de la que tú hablas. En On Nation hemos trabajado con este tipo de material, poniendo unas piezas al lado de otras, tratando de recontextualizarlas, relacionando múltiples niveles de la realidad y períodos históricos, en un intento de construir una obra íntegra, capaz de ir mucho más allá de la inmediatez de la noticia. Si las señales de alarma no funcionan, quizás no tenga tanto que ver con que estas imágenes hayan perdido su poder, sino con que vivimos una época tan sobrecargada de estímulos que no nos podemos permitir parar a reflexionar con tranquilidad sobre ellas.

Samuel Alarcón: Tienes razón en que esta sociedad está expuesta a demasiados estímulos audiovisuales y la tendencia es hacia infinito en generaciones nacidas con internet. Este cine de contrainforación al que os dedicáis varios cineastas españoles es muy necesario como bofetada a los poderes fácticos desde vuestra independencia. Para bien o para mal, las películas que he podido ver al respecto estos últimos años provienen de genealogías fílmicas muy diferentes. No sois demasiados los que estudiáis los fenómenos sociales desde su perspectiva formal. Una película como Banderas Falsas (2011) de Carlos Serrano Azcona estudia el acto de manifestarse casi exclusivamente desde la imagen formal. Creo que, al igual que On Nation, quiere transmitirnos cómo el acto performativo de manifestarse, está demasiado cerca del de un acto religioso o un acontecimiento deportivo.

Zavan Films: La verdad, Samuel, es que no nos encontramos muy cómodos en ese traje. No creemos que nuestras películas tengan que ver con una labor de contrainformación, ni con un estudio de los fenómenos sociales. La función que desempeña Zavan Films quizás tenga más que ver con la de las poetas. Usamos los recursos de nuestro lenguaje, el audiovisual, para materializar sentimientos e intuiciones que nos inquietan. Es una manera de hacer visible lo invisible. En Madrid 12-11-03 se reflejaban las emociones que produce la vida cotidiana en este espacio urbano. En Del Poder se partía de los sentimientos de impotencia e indignación que despiertan los sucesos en la ciudad de Génova en el 2001. A partir de ahí se trataba de resignificar lo ocurrido, de dar forma a una intuición y a un punto de vista. Decía Picasso que solo hay una manera de ver las cosas hasta que alguien nos enseña a verlas de otro modo. Esa era una de las tareas de la película, tratar de ofrecer una lectura distinta a la dada desde el poder. Pero sin centrarnos en los datos. Por eso Del Poder no es ni informativa ni contrainformativa. En todo caso sería resignificativa o contrasignificativa. Algo muy parecido podría decirse de On Nation. Frente al discurso dominante e inamovible que trata de estructurar la realidad a partir de la identidad nacional o religiosa, la película aporta otro punto de vista, uno que trata de alertar contra los comportamientos irracionales de algunos individuos integrados de manera acrítica en una determinada identidad social, política, religiosa, comercial... El problema no es tanto la identidad social, sino cuando esta se antepone a los valores humanistas. Esto es lo que trata de transmitir la obra y no tanto la proximidad entre los actos religiosos, los acontecimientos deportivos y las manifestaciones, aunque se sirva de este tipo de imágenes. Por otro lado, no consideramos que todas las manifestaciones sociales sean igual de inquietantes, aunque algunas de ellas tengan comportamientos fetichistas o dogmáticos fácilmente comparables.

Pero insistimos, lo que nos preocupa no son las identidades sociales en sí, sino cuando estas llevan a las personas a comportarse como una masa acrítica, que llega a cometer, justificar o silenciar el asesinato. Hannah Arendt, en su libro sobre los juicios al nazi Adolf Eichmann, nos habla de la dificultad que puede tener una persona para distinguir entre el bien y el mal, siguiendo solo su propio criterio, sobre todo cuando este está en contra del pensamiento dominante en la sociedad. Por su parte, Stanley Milgram, en su estudio sobre la obediencia a la autoridad, demuestra que una persona religiosa puede enfrentarse a la injusticia anteponiendo sus propios valores a las consignas del dogma. Sebastian Castellio, el humanista que en el siglo XVI se enfrentó a Juan Calvino, es un buen ejemplo de esto. Suya es la frase que nos dice que «matar a una persona por defender una idea, no es defender una idea; es matar a una persona».

Samuel Alarcón: Comprende que pueda también considerarse tu obra como contrainformación, aunque su intención busque más la trascendencia que la película política urgente. Al fin y al cabo la poesía también es un arma. En ese sentido asestáis un buen golpe a las empresas alemanas que durante el Tercer Reich, colaboraron con el régimen Nazi. Ironizáis sobre la imagen corporativa que proyectan a día de hoy BMW, Siemens, Bayer, etc, recordando al espectador su pasado. Resulta terrorífico ver como casi todas han sobrevivido y se han fortalecido con el paso al neoliberalismo, por encima de las víctimas de la Shoa. Hay ciertos verdugos que tienen una perversa impunidad amparados en el consumo de masas.

Zavan Films: Si, tienes razón en todo esto que dices. En cuanto a las empresas alemanas que aparecen en la película, hay algo aún más escandaloso que su colaboración con el régimen nazi, y es el uso de presos de los campos de concentración como mano de obra esclava. Se ha realizado un gran número de investigaciones sobre el periodo nazi, tomándolo como historia, como algo ya pasado, como un libro que se puede cerrar y guardar en la estantería. Sin embargo, no se encuentra demasiada bibliografía histórica que analice seriamente los cadáveres sobre los que se sostienen algunas de las grandes multinacionales actuales. En cualquier caso, el objetivo de la película no era hacer un análisis exhaustivo de esta cuestión. Es cierto que se hace una crítica directa a estas empresas, pero su presencia en el montaje tiene que ver además con otras dos cuestiones.

Por un lado, dentro de una reflexión general sobre la identidad y el asesinato legal, resultaba imprescindible hablar del papel que pueden tener los intereses económicos en la construcción de determinadas identidades sociales. Cuando uno observa una polarización o conflicto entre identidades es importante pararse a pensar quién está manipulando emocionalmente a los grupos y quién se va a beneficiar económicamente de ello. Dentro de esta cuestión, resulta relativamente cómodo apuntar a las grandes empresas como responsables de las injusticias del mundo, porque de esta manera los ciudadanos de a pie podemos despojarnos de nuestra parte de responsabilidad. Pero es necesario también hacer autocrítica. Las personas en sus acciones del día a día, como consumidoras, como accionistas, como votantes..., tienen un papel fundamental en la transformación del mundo. Por eso hay que tratar de concienciar en formas de vida y de consumo responsables, y el arte es una buena herramienta para visibilizar nuevas realidades y denunciar las enfermedades de esta en la que estamos.

Por otro lado, tal y como tú apuntas, en esta secuencia se buscaba una sensación de extrañamiento temporal e identitario. Las multinacionales construyen su identidad corporativa con mucho cuidado. En las publicidades con las que nos bombardean constantemente a millones de consumidores no hay nada al azar, ni la música, ni el tono de la voz en off, ni la edad ni el color de pelo de los actores, ni el ritmo del montaje, ni el tipo de planos, ni los lemas... Todo está perfectamente ensamblado para construir una identidad comercial impoluta, que enmascare las miserias laborales o históricas de esas empresas. En la película se han deconstruido algunos de estos anuncios para desvelar estas estrategias de manipulación, y a la vez se han reconstruido con imágenes de los cadáveres de los campos de concentración nazis, quizás mano de obra esclava, esbozando una resignificación de la verdadera identidad de estas empresas. Orígenes históricos al margen, el extrañamiento que produce la deconstrucción de los anuncios nos hace tomar cierta perspectiva, y permite que nos sintamos ofendidos cuando, por ejemplo, una empresa como AEG emplea planos de menos de un segundo en los que podemos ver los labios rojos y sensuales de una mujer lamiendo objetos extraños. ¿Realmente esto era necesario para vender electrodomésticos?

La secuencia termina con una publicidad especialmente inquietante. Un anuncio de Volkswagen, dirigido a los consumidores hebreos, apenas 50 años después de haberse beneficiado de la mano de obra esclava de los campos de concentración. Esto es especialmente llamativo en un pueblo que ha construido su identidad contemporánea sobre los cimientos de las víctimas sacralizadas e intocables de la Soah.

Por suerte, frente a lecturas identitarias sesgadas, interesadas, instintivas o irracionales, se oyen las voces independientes de intelectuales como el Dr. Norman Finkelstein, que desde su identidad judía nos recuerda que todas las víctimas de la injusticia valen lo mismo, ya sean judías, palestinas, o de cualquier otro lugar.

Samuel Alarcón: On Nation cierra con planos monumentales, al más puro estilo Leni Riefenstahl, de diferentes ejércitos desplegando su potencial visual. No sé de dónde los habéis obtenido, pero parece la imagen más evidente del poder que detenta una masa cuando actúa al unísono. Con ellas llego a entender la efusión de los hombres del siglo XIX y comienzos del XX por formar parte de algo tan poderoso, antes del cambio de mentalidad que trajeron las guerras mundiales. Tras lo que hemos visto durante todo el metraje, parece que esos ejércitos marchando, podrían tanto volver a hacer el daño que venís denunciando, como utilizar su poder de otra manera más constructiva. Son, en cualquier caso, marionetas en las manos de los diferentes gobiernos nacionales.

Zavan Films: Efectivamente, las personas cuando se juntan y se organizan tienen un gran poder. Pero cuando vemos desfilar a estos seres que no deciden ni cómo visten, ni cómo se mueven, ni hacia dónde van, no estamos hablando de personas autónomas y libres que tengan ningún tipo de capacidad constructiva. En todo caso, sus capacidades serían otras: la defensiva y la destructiva. La primera es claramente necesaria. Los Estados o las comunidades políticas necesitan cuerpos militares fuertes para defenderse de las agresiones que puedan venir del exterior y para actuar en casos de emergencia social. Por otro lado, los ejércitos tienen una enorme capacidad de destrucción y precisamente por esta razón deben estar sometidos a eficaces métodos de control democrático. No basta con que el ejército esté supeditado al control del gobierno. Cualquier intervención militar debería ser refrendada obligatoriamente en un referéndum, porque, como dice Victor Hugo, "la civilización está en los pueblos, la barbarie en los gobernantes". De esta manera se evitaría con total seguridad un gran número de conflictos armados.

Por todo lo anterior es fácil de entender que el ejército debe tener una forma de funcionamiento absolutamente disciplinada e incluso jerárquica, que permita al mismo tiempo su eficacia y su control. Ahora bien, que una organización necesite altos niveles de obediencia y disciplina no implica que sus miembros deban ser seres acríticos e inhumanos, como los que aparecen al principio de la película, asesinando a población civil en Vietnam, Iraq, Palestina... Por encima de los grupos o identidades sociales a las que pertenece un individuo, siempre tendrá la capacidad de ser autónomo y, pese a todas las dificultades, capaz de distinguir entre el bien y el mal, actuando en consecuencia y asumiendo las responsabilidades. Relacionado con esto, en la película aparecen algunas imágenes sobre las inhumanas actuaciones del ejército norteamericano en Irak que fueron filtradas por la exsoldado Chelsea Manning. Por esta actuación fue condenada a prisión. A los norteamericanos se les debería caer la cara de vergüenza de que esta persona todavía esté encerrada. Su comportamiento moral debería ser un ejemplo para todos. Entre guardar un silencio cómplice o actuar contra la injusticia, optó por esto último. No es fácil. La socialización no suele fomentar este tipo de aptitudes. Más bien todo lo contrario.

Respecto a este tema de la socialización, hay dos planos en la película que resultan especialmente descorazonadores. En uno de ellos aparece un bebé en cuya frente han pintado la bandera nacional, como para que desde bien pequeño sepa cuáles deben de ser sus fidelidades. El otro aparece en mitad de los desfiles militares, en la breve secuencia dedicada a los rituales judíos. Se trata de un niño que reza siguiendo las indicaciones recibidas, esto es, leyendo un texto religioso mientras mueve la cabeza rítmicamente hacia delante y hacia atrás, como si de un robot se tratase. Sin duda, esta no parece la manera más cómoda de leer.

En cualquier caso, este tipo de educación parece más interesada en inculcar la obediencia dogmática que el pensamiento crítico. Sin ir más lejos, en España existe desde hace muchos años ese invento de los colegios concertados religiosos, donde profesores y profesoras con una escasa formación pedagógica aleccionan cada día en el dogma católico a miles de niños, en unas aulas presididas por la foto de un jefe de Estado no elegido democráticamente.

Samuel Alarcón: Y la mejor manera de cuestionar un dogma es la difusión de ideas que lo cuestionen. Del Poder (2011), tu anterior película, tras un circuito de festivales tuvo en internet su siguiente ventana. Desde allí pudieron verla miles de personas y a día de hoy, es junto a Díaz (No limpiéis esta sangre) (2012), una de las referencias audiovisuales de lo que ocurrió en Génova durante la cumbre del G-8 de 2001. Querría saber si con On Nation tenéis la misma idea de distribución.

Zavan Films: Sí, en principio seguiremos la misma idea de distribución. De hecho, On Nation ya ha comenzado su recorrido, con una buena recepción en Francia, donde hasta el momento ha sido seleccionado en tres festivales. También ha sido elegida en Suecia, Eslovenia y en Suiza, curiosamente en su zona de influencia francesa. Y en unos meses participará en un festival en Alemania. Este nos ha sorprendido especialmente porque pensábamos que, por su contenido crítico, no se iban a atrever con ella.

Ahora, hay que decir que esta buena acogida nos deja una sensación agridulce, que nos hace replantearnos constantemente nuestra estrategia de distribución. Los festivales reciben entre 1000 y 3000 películas, entre las que se permiten el lujo de elegir a lo sumo unas 50. Ser seleccionado es motivo de alegría porque te reafirma en que tu trabajo tiene un sentido, un valor. Pero cuando pasado el circuito de festivales se hace balance y se constata que tu película ha generado una buena cantidad de dinero, y que en ningún momento ese dinero ha sido compartido ni con los autores ni con la productora, uno no puede por menos que sentirse utilizado. No es solo nuestra experiencia. Productoras amigas que también han participado con sus películas en grandes festivales nos han transmitido esta misma sensación.

Poco a poco, a medida que Internet va facilitando nuevas vías de promoción y distribución, parece que los festivales van perdiendo su sentido cultural. Si ya no son necesarios para dar a conocer las películas, y si no ayudan económicamente a las producciones que seleccionan, parece que las únicas funciones que les quedan son la del frívolo espectáculo de entretenimiento y la de seleccionar los trabajos, lo cual no deja de ser una nueva forma de censura entre los que se adecúan a unos determinados criterios y los que no. En algún momento les tocará renovarse si es que quieren sobrevivir.

De todo el recorrido que hicimos con nuestra anterior película por festivales de todo el mundo, y al margen de aquellos que nos premiaron, solo hubo uno que nos dejó buen sabor de boca. Nos referimos al festival OVNI de Barcelona, que, entre otras cosas, parece ser el único que ha entendido que los autores lo que necesitan para sacar adelante sus producciones no son ni premios ni alfombras rojas, sino dinero. Y es que, sin rentabilidad económica, el cine independiente, el cine que realmente tiene algo que aportar, no tiene ninguna posibilidad de sobrevivir.

Quizás tarde o temprano autores y productoras tendremos que llamar a la protesta y negarnos a participar en manifestaciones culturales que no retribuyan adecuadamente nuestros trabajos.

 

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